El águila

Meditación azteca: «Cuauhtli«

Concentra toda tu atención y energía en el centro de tu ser.
Dirige tu fuerza y entusiasmo hacia el centro de ti mismo.
Allí en lo profundo de tu persona, vas a ver un águila.
Ahora mismo la ves posada en la rama más alta de un enorme árbol, o tal vez esté en la orilla de un elevado risco.
Respira tranquila, suave, pausada y reposadamente.
Con sus hermosos ojos y su aguda vista recorre relajada el panorama. No se desespera.
Con gran facilidad, emprende el vuelo, y con la fuerza de sus alas se eleva hasta grandes alturas.
Allí arriba vuela en círculo y, para ahorrar energía, se deja llevar por la fuerza del viento, planeando, flotando, surcando el aire con elegancia y suavidad.
En ese momento detecta un movimiento allá abajo, a lo lejos.
Tal vez un conejo, tal vez una ardilla, sea lo que fuere es alimento.
Súbitamente repliega sus alas y se deja caer en picado, a gran velocidad; va directamente hacia su presa.
Poco antes de tocar el suelo, despliega sus alas para volar lentamente y apresta sus fuertes garras.
Pero el conejo la ha detectado y huye muy rápido a esconderse en su madriguera.
El ataque se ha frustrado. El águila, entonces, mueve sus alas a gran velocidad y vuelve a elevarse.
El ave es poderosa, fuerte y ágil, no se detiene a lamentarse de su fracaso, no se enoja consigo misma, no se decepciona ni se retira a afligirse por haber fallado.
Vuelve a volar en círculos, paciente, reposada y pausadamente al tiempo que ve desde lo alto el panorama, hasta que se dé otra oportunidad.
Y lo hará una y otra vez, incansable, hasta que consiga su objetivo.


En este momento conviértete en ese águila, siente la fuerza dentro de ti.
Obsérvate a ti mismo mirando desde lo alto, posado en tu base firme.

Recuerda cómo lo haces en tu trabajo, en tu casa o en cualquier situación de tu vida.
Ahora recuerda las ocasiones en las que has estado volando en círculos, pensando, reflexionando, decidiendo y esperando a que se presentara la oportunidad que habías deseado.
Vas a recordar cómo te has lanzado con toda tu energía, tu determinación y tu fuerza hacia el objetivo elegido. Y recuerda también cuántas veces has fallado en el intento.
¿Recuerdas qué hiciste entonces?
¿Te recriminaste por tu error de cálculo?
¿Te insultaste a tí mismo por fallar?
¿Te sentiste decepcionado?


Date cuenta, en este momento, de que eres un águila, de que tienes fuerza, visión, capacidad de planear y capacidad de acción.
Particularmente, recuerda que sabes reponerte de un error de cálculo. Que siempre tendrás fuerzas en tus alas para remontar el vuelo y regresar a la contemplación y volver a planear. Que tienes la paciencia y la calma necesaria para intentarlo una y otra vez, sin desanimarte ni frustrarte. Que tú nuevo ataque será mejor que el anterior y que siempre lo has hecho, has logrado tu objetivo.


Ahora que te has dado cuenta, ¿qué harás de ahora en adelante?

Cuauhtli

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