creencias

«En los rebaños de ovejas, preocupa el lobo, y casi siempre terminan en la cazuela».

recuerda … Pedro y el lobo…

Cuetlachtli, «lobo» en las meditaciones aztecas.

Cuetlachtli


Espacio dirigido a la aceptación del rechazo.

El lobo es un depredador natural y en esencia carnívoro. Puede atacar a presas muy pequeñas, como conejos, ratones o ardillas, y animales de mayor tamaño y peso que el suyo, como venados y jabalíes. Acostumbra a cazar en manada a través de hábiles estrategias de acoso, de manera que es difícil que una presa se les escape. Teme al hombre, pero lo ataca cuando lo ve solo y vulnerable. Aunque prefiere vivir y cazar en bosques y campos abiertos, y rehúye de los lugares poblados, en situaciones que lo merezcan es capaz de cazar rebaños de ovejas, cabras y vacas. Es hábil para entrar en los gallineros, lo que le ha creado fama de dañino y pernicioso.

Inducción
Prepara el lugar y el momento para tu meditación, de manera que nada la interrumpa.
Colócate en una postura cómoda, con la espalda apoyada en la pared, un mueble o cualquier objeto que te haga sentir firme. Si lo deseas, puedes acostarte. Aleja cualquier objeto que te estorbe. Si puedes, coloca cerca de ti una vasija con flores o una cesta con frutas aromáticas. Respira suavemente. Ahora comienza a leer lenta y pausadamente. Si quieres, graba tu voz y, a continuación, cierra los ojos –que mantendrás cerrados durante todo el ejercicio– y escucha.

Trance
Respira suave, lenta y pausadamente, bajo tu propio tiempo, sin prisa. Siente cómo el aire entra hasta lo más profundo de tus pulmones y te llena de oxígeno, energía y vida.

Exhala suave y prolongadamente con el fin de expulsar todo aquello que no necesita estar dentro de ti. Ahora concentra toda tu energía y atención en el centro de ti mismo.
En ese lugar, en el centro de tu ser, ves un lobo. Lo puedes ver bien, avanza con su trote característico, en medio del bosque, camina con seguridad, confiando en su aguda vista, en su fino olfato y en su privilegiado oído. Es hábil para captar las cosas, puede detectar con antelación la presa que desea cazar. También es diestro para avizorar el peligro y evitarlo. Sabe que no tiene muchos enemigos; pocos animales se atreven a enfrentarlo porque conocen su fuerza, su energía y su rapidez. De ser necesario, solo le basta con aullar y su manada acude en su ayuda. Eso le gusta, tiene un buen grupo familiar que lo apoya, lo acompaña y nunca lo deja solo. Es buen padre o madre porque cuida con esmero de sus cachorros, los acompaña y los alimenta hasta que son independientes. Los defiende con valentía. Sabe que algunas personas lo consideran un animal destructivo, traicionero y feroz.
Ahora, mientras observas a ese lobo caminar por el bosque, poco a poco te conviertes en él. Te has hecho dueño de su personalidad, eres tú. Te das cuenta de que caminas por la vida con gran seguridad, conoces muy bien los caminos por los que te mueves, reconoces que tienes buena vista para detectar oportunidades, negocios, trabajos o clientes. También aceptas que tienes buen oído, sabes escuchar, eres atento, captas las noticias, estás al tanto de los últimos acontecimientos. Gracias a tu buen olfato, percibes con claridad los riesgos.
Logras identificar con rapidez cuándo una situación no te favorece. Y cuando has elegido tu objetivo, sabes llegar a él con certeza, seguridad y fuerza. También te das cuenta de que tienes buenos aliados, has sabido rodearte de buenos amigos, socios, compañeros y familiares que te apoyan, trabajan contigo y te son leales. Ya te observaste a ti mismo ser un buen padre o madre de familia. Te gusta cuidar de los tuyos y lo haces bien. Siempre estás dispuesto a protegerlos con toda tu energía. Así eres y así te ven los demás.
Tal vez a otras personas les pareces agresivo, hostil y amenazante. Y en ocasiones eso te ha incomodado o, francamente, te ha molestado. En este momento lo piensas reposadamente, y te dices que no importa. Que tú sabes perfectamente quién y cómo eres. Que no vale la pena dejar tu energía en los pensamientos o las ideas de los demás.
Que tu fuerza y sagacidad las aprovechas en tu beneficio, y en el de tus seres queridos.
Te das cuenta de que haces lo tuyo, y obtienes lo que necesitas. No agredes ni dañas, aunque los demás lo piensen. Vas por lo tuyo, solamente; lo tuyo. El rechazo de los demás es más bien incomprensión, y te percatas de que no los necesitas.
¿Te das cuenta de cómo lo has hecho en tu vida? ¿Sabes ahora lo que has estado haciendo por temor a que los demás te consideren agresivo? ¿Te das cuenta de lo que has dejado de hacer? Y una vez que lo has hecho, ¿qué decides? ¿Qué harás en adelante?

Cuetlachtli

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